Desde finales de los años 90 del siglo pasado, cada 11 de abril la Organización Mundial de la Salud conmemora el Día Mundial del Párkinson. Este día fue proclamado para homenajear a James Párkinson, doctor británico que describió por primera vez la enfermedad y que nació tal día como hoy.

  • Unas 150.000 personas padecen la enfermedad de Parkinson en España según la Sociedad Española de Neurología
  • El 15% de los casos se dan en personas menores de 50 años.
  • En un 40% de los casos la primera manifestación del Parkinson es la depresión.

Los trastornos del movimiento componen un conjunto heterogéneo de enfermedades entre las que destaca la enfermedad de Parkinson (EP) por su elevada prevalencia y repercusión sociosanitaria. En las últimas décadas se han producido importantes avances en el conocimiento de estas patologías y se han desarrollado recursos terapéuticos, médicos y quirúrgicos que han modificado su historia natural. Como consecuencia, ha aumentado la complejidad de su manejo, haciendo necesario una especial competencia y dedicación de los profesionales implicados.

La EP es la segunda enfermedad neurodegenerativa tras la enfermedad de Alzheimer y también un problema sociosanitario de primer orden, por su creciente prevalencia en relación con el envejecimiento de la población y la complejidad de su manejo. La prevalencia estimada es de 150-200 por cada 100 000 habitantes.

Mensaje optimista 

Desde el Grupo Andaluz de Trastornos del Movimiento (GATM) se quiere lanzar un mensaje de optimismo para todos los pacientes con Parkinson. El mayor conocimiento de la enfermedad, así como los recientes avances terapéuticos permiten tener herramientas que consiguen mejorar de forma significativa la calidad de vida de los enfermos. Además, “existe una importante actividad investigadora que hará que todavía tengamos mayores estrategias para mejorar la enfermedad”, según afirma el coordinador del GATM, el Dr. Miguel Moya.

Síntomas

Sus síntomas fundamentales son lentitud/dificultad de movimiento, rigidez, temblor y alteraciones de la postura y de la marcha, relacionados en gran parte con la pérdida neuronal progresiva en la sustancia negra del mesencéfalo. Sin embargo, el proceso degenerativo afecta también a otras estructuras neurales, dando lugar de forma variable a otras manifestaciones clínicas, denominadas no motoras, entre las que se incluyen trastornos del olfato, del sueño, anímicos, cognitivos, digestivos o genitourinarios, entre otros. Estos síntomas están presentes en un 97 % de los casos y repercuten de un modo importante en la calidad de vida de los pacientes.

Diagnóstico

El diagnóstico de la EP es clínico y, aunque muchas veces es ya sospechado en atención primaria, se precisa su confirmación por parte del neurólogo, siempre que sea posible, con especial competencia y dedicación a los trastornos del movimiento. Sin embargo, es el tratamiento lo que requiere una mayor pericia por parte del especialista, en particular conforme evoluciona la enfermedad.

Unidades multidisciplinares

La EP debe ser abordada por un equipo multidisciplinar. Por ello, las unidades de trastornos del movimiento (UTm) deben estar formadas por neurólogos expertos en trastornos del movimientos, enfermeras con experiencia o especialista en pacientes con EP, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y logopedas. existe evidencia científica de que aquellos pacientes tratados por un equipo multidisciplinar presentan mejor calidad de vida y mejores puntuaciones en escalas de valoración motora

 

Es necesario contar con un movimiento asociativo fuerte, capaz de recoger las necesidades y reivindicaciones del colectivo de personas con EP, que actúe como portavoz de cada una de ellas e intermediario con las distintas administraciones, además de ofrecer servicios y tratamientos complementarios.

Esta información ha sido extraída de la Guía de recomendaciones de práctica clínica en la Enfermedad de Parkinson, editada por la Sociedad Andaluza de Neurología  https://www.saneurologia.org/pdf-guias/recomendaciones-enfermedad-de-parkinson.pdf